PENSAR PENSARME
¿Qué sentido tiene estar en el mundo sin preguntar?
Espero, deseo, anhelo y necesito
pensar, pensarme
en la oscura, confusa,
humana, ilógica y loca realidad.
Parto de todo y de nada:
apruebo, me preguntó, critico, me cuestiono y dudo;
falseo mis verdades, celebro las ajenas y me quedo…
enredado, confundido, aclarado, despejado
—hecho y desecho—
en dogmas, tesis, falacias y realidades.
Pensaré y lo haré,
con el viento de conceptos
a favor y en contra.
Me dejaré llevar y cuando quiera detendré la marcha,
dudaré, gritaré, me opondré...
porque el no,
también es opción…
es resistencia.
Mi circunstancia,
el afán y los pesimistas no ayudan, no permiten;
se burlan, dudan, cuestionan y critican.
Condenan las respuestas en el espacio
de la mediocre quietud que no dice nada.
Amantes opositores
y enemigos seguidores tendré,
en este consumo de ideas y teorías;
juego de tachar y resaltar conceptos,
preceptos, juicios, críticas y análisis.
No es fácil,
me re-crearé a cada instante,
falsearé verdades y mentiras;
criticaré, juzgaré y enalteceré
con orgullo, ego y prepotencia
absurdas ilusiones.
Pensar...
tarea difícil,
pensarme,
misión imposible,
porque es musitar dolores,
revolcar paradigmas
y... sentenciar, juzgar y desangrar verdades.
Si filosofar puedo diré sí ante los no,
y con llanto,
defenderé un rotundo no
ante los sí,
siempre sonriente tembloroso y dudoso.
Comprenderán poco
pero dudarán mucho mis líneas,
curvaturas gráficas y sonidos fariseos
de un mundo de oposiciones testimoniales
de cosas, situaciones y respuestas en las que creeré creer.
Pensar con profundidad
aquieta mis sentidos,
controla mis instintos,
domina mis pasiones,
me detiene, impulsa, proyecta y lanza…
al utópico destino de la existencia.
Por: Édver Augusto Delgado Verano